jueves 19 de enero de 2012

Análisis grandilocuente de un partido de fútbol

Tres o cuatro aspectos quiero destacar de este enésimo partido que yo no vi, pero que no es necesario haberlo visto para sacar conclusiones. Unos malditos portugueses, chulos y acomplejados, están dejando por los suelos la imagen de esa nación vecina que es un notabilísimo ejemplo –sobre todo, para España- de educación, cortesía, amabilidad y simpatía. El señor de los dineros ajenos, producto de recalificaciones porque él no pone un duro propio, debiera hacer una limpia de inmediato porque el uniforme se le está poniendo como un muladar. Y después, marcharse antes de que lo echen. Es muy bueno y muy importante que alguien, en esta infame sociedad de arribistas, chorizos y especuladores de tres al cuarto, dé un contundente ejemplo de que el trabajo en equipo, desarrollado con imaginación, brillantez y humildad, triunfará siempre ante los manejos y trapisondas de los nuevos ricos que creen que el éxito se compra con dinero. Y si la lección nos la dan los catalanes al resto de españoles debiéramos tomar buena nota y seguir su ejemplo, en lugar de odiarles estúpidamente porque, además, eso a ellos se la suda. Hasta luego.